¿Qué ocurre aquí?
En segundo, multiplicar significa ante todo reunir grupos del mismo tamaño: 4 · 6 son cuatro filas de seis puntos cada una. Aprender de memoria solo merece la pena cuando esa imagen existe.
Por eso el libro sigue este orden: primero la cuadrícula de puntos, después las tablas y después las cuentas clave. Quien solo sabe recitar la tabla todavía no domina la multiplicación.
Lo que ayuda en casa
Primero las cuentas clave: las tablas del 1, del 2, del 5 y del 10 y los cuadrados (3 · 3, 4 · 4 …) son los anclajes. Todo lo demás se deduce de ahí: 6 · 7 es 5 · 7 y un 7 más. La propiedad conmutativa reduce el trabajo a la mitad: quien sabe 3 · 8 también sabe 8 · 3.
Pregunte poco a poco y en desorden. Cinco cuentas de tablas distintas valen más que una tabla recitada en orden, porque al calcular una cuenta nunca aparece dentro de su tabla.
Lo que puede salir mal
Si su hijo o hija recita toda la tabla del 8 para llegar a 7 · 8, ha aprendido la tabla, pero no la cuenta. En ese caso ayuda más el rodeo por una cuenta clave (5 · 8 = 40, más dos veces 8, son 56) que seguir recitando.
Al revés ocurre lo mismo: saberlo de memoria sin la imagen es igual de frágil. Pregunte de vez en cuando "Enséñame 4 · 6 con bloques"; quien sabe colocarlo lo ha entendido de verdad.

